Leyendo éste comic de “Everybody Loves Eric Raymond“, me quedé pensando sobre las distros, y la ortodoxia u obsesión de algunos sobre la libertad (o supuesta libertad) que garantiza el software libre. Es cierto que el soft Libre te garantiza que no vas a estar sujeto a los mandatos y caprichos de ninguna empresa a la hora de tener que usar tu computadora de la forma en que más te guste.
Pero qué pasa cuando llevamos ésta idea al límite, convirtiéndonos en fundamentalistas de lo libre. Creamos una distro tan pero tan libre que debe correr en hardware libre y no funcionar con nada que no venga en licencia GPL o equivalente. ¿Cuántas personas (aparte de Richard Stallman
) disfrutarían de ésa distro?¿Cuántas la encontrarían útil? Se imaginan querer ver una película o escuchar música y no poder porque no existe el códec adecuado ya que es un formato propietario? ¿Y la incompatibilidad con el resto de las personas, que posiblemente nos envíen material y no podamos obtener su contenido porque también es propietario?
En el comic jocosamente se refieren a “una distro tan inútil que nos va a servir para justificar cada parte propietaria de Ubuntu”. Pero hablando en serio. El exceso de “libertad” no nos puede generar otra forma de esclavitud? Es otro de esos casos en el que no hay que perder de vista esa “delgada línea” que marca el balance correcto.